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29 Semptiembre 2026
UNA CARTA DE TALITHA KUM, MYANMAR
LUCHA CONTRA LA TRATA DE PERSONAS EN MEDIO DE DESASTRES CLIMÁTICOS Y CONFLICTO ARMADO
Myanmar, también conocido como Birmania, es un país hermoso con diversos grupos étnicos y abundantes recursos naturales. Sus ríos, bosques, humedales y tierras fértiles han ayudado durante mucho tiempo a comunidades que dependen de la agricultura o la pesca para su sustento.
Hoy, se enfrenta a una profunda crisis humanitaria y a un conflicto armado que estalló en 2020. Los continuos combates y los generalizados ataques militares aéreos han desplazado a más de 3,8 millones de personas, y la pobreza afecta a más del 80 % de la población en medio de una elevada inflación y escasez de alimentos.
Esta crisis humanitaria se ha visto agravada por los efectos del cambio climático. Las tormentas, inundaciones y deslizamientos de tierra recurrentes han afectado gravemente a las comunidades; entre estos eventos destaca un terremoto de magnitud 7,9 que azotó la segunda ciudad más grande de Myanmar en marzo de 2025. El terremoto cobró la vida de más de 3.600 personas, destruyó aldeas y afectó gravemente los medios de vida de miles de familias. Los agricultores y pescadores se encuentran entre los más afectados, ya que han perdido sus negocios y se van endeudando cada vez más.
Hasta el día de hoy, el gobierno sigue sin atender la situación de emergencia y muchas comunidades continúan enfrentando graves dificultades. La generación más joven se ha visto particularmente afectada, ya que su educación ha sido interrumpida por el conflicto. Muchos se han visto obligados a emigrar a las ciudades, o incluso al extranjero, con la esperanza de encontrar oportunidades económicas para mantener a sus familias. Los traficantes se han aprovechado de su desesperación y vulnerabilidad mediante secuestros, engaños y falsas promesas de empleo, sometiendo a los jóvenes a trabajos forzados y explotación sexual.
El año pasado, una joven viajó a Omán en busca de una oportunidad laboral. Tras sufrir explotación, fue repatriada a Myanmar, donde fue acogida por las Hermanas de Talitha Kum. Recibió apoyo y fue hospitalizada para recuperarse del trauma psicológico. Después de un mes de cuidados, pudo regresar a su ciudad natal. Su experiencia es uno de los muchos casos de explotación que se dan en el país.
Esta realidad nos recuerda que el cuidado de la creación y la defensa de la dignidad humana no se pueden separar. La destrucción de los ecosistemas tiene consecuencias para la vida, los derechos, los medios de subsistencia y las esperanzas de las personas, especialmente para aquellas que ya viven en medio de pobreza y conflictos.
Como miembros de Talitha Kum Myanmar, mantenemos nuestro compromiso personal de prevenir la trata de personas, acompañar a las sobrevivientes, proteger a las personas en riesgo y solidarizarnos con las comunidades vulnerables. También estamos llamadas a ayudar a salvaguardar la tierra y el agua de las que dependen estas comunidades. Al cuidar la creación y defender la dignidad de cada persona, podemos abrir caminos de sanación, protección y esperanza.




