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25 Outubro 2016

Prostitución y Dignidad Humana

Prostitución y Dignidad Humana: La hipocresía del Modelo Alemán

 de la Hna. Beatrice Mariotti

El Papa Francisco visita desde hace algunas semanas en los alrededores de Roma un centro para las víctimas de la Prostitución forzosa, definida en palabras del Papa “un crimen contra la humanidad”. Pero, ¿en qué consiste este crimen? ¿Cómo distinguir violencia y explotación voluntarias forzosas? Quizás convenga pararse un momento en estos términos antes de dirigir nuestra mirada a la situación en Europa, centrándose en un país que, no solo se encuentra geográficamente en el centro: Alemania.

En el Protocolo de Palermo adoptado por Naciones Unidas en el 2000, el consentimiento de las víctimas de la trata es definido como irrelevante, si los medios de coacción usados por los explotadores incluyen entre otros “abuso de poder o de una posición de vulnerabilidad” de la víctima. El abuso de poder y la vulnerabilidad siguen siendo los pernos de tantas historias sobre todo de mujeres y niños en el campo de la explotación sexual. Pero la coacción no puede medirse por el grado de consentimiento, así como el silencio de tantas mujeres prostituidas, como el de mujeres conquistadas, no puede ser considerado como consentimiento.

Volvamos un momento nuestra mirada a la legislación alemana. La ley alemana sobre la Prostitución entró en vigor el día 1 de enero de 2002 introducida por el gobierno rojo-verde, reconociendo fiscalmente la Prostitución come profesión. La nueva regulación eliminó la prohibición general de ayuda de la Prostitución y permitió a las prostitutas obtener un contrato de trabajo regular. El principio fundante de la nueva regulación es que la Prostitución no debe ser considerada unas actividad inmoral. El objetivo primario de la ley ha sido el de mejorar las condiciones sociales, laborales y sanitarias de las mujeres prostituidas permitiéndoles tener un contrato de trabajo, un seguro médico, el acceso a la pensión y seguridad social, así como el de poder denunciar el impago por parte del cliente. El objetivo secundario de la ley es el de reducir la criminalidad y, por tanto, la Prostitución forzoda a través de una plena legalización.

La valoración realizada por el Ministerio de la Familia en el 2007 ha puesto a la luz los temores fundados de los críticos de esa ley, entre ellos la Organización SOLWODI, es decir, que solo el l’1% de las mujeres prostituidas son acogidas por los beneficios de la ley. En el 2013, según datos del gobierno federal, solo 44 personas a escala nacional han usado los beneficios de asistencia sanitaria. La gran mayoría de las mujeres prostituidas no tienen un contrato de trabajo, pero ejerce como “autónomas”, masajistas, bailarinas, etc. A los doce años de introducción de la ley no se observa una mejora y ni siquiera una reducción de los crímenes vinculados a la Prostitución. También los cambios debatidos actualmente para mejorar la legislación son cambios cosméticos.

La ley ha traído, por el contrario, enormes beneficios a la industria del sexo, permitiendo a quienquiera sin requisitos particulares gestionar un burdel. La Prostitución en Alemania está casi totalmente “a la puerta” y el producto facturado es altísimo. Los servicios sindicales unidos (Ver. di) estiman que la Prostitución produce cerca de 14,5 miles de euros facturados al año. Solo en Berlín hay entre 600 y 800 burdeles sin contar los apartamentos privados donde mujeres cada vez más jóvenes y niñas principalmente de los países del Este de Europa, África y Asia prestan sus servicios. Muchas tienen sus primeras relaciones sexuales en estos centros de bienestar. Pero ¿bienestar para quién? Las mujeres que consiguen huir nos cuentan sus historias. La mayor parte permanece en el silencio, porque detrás de esta historia de explotación y violencia está la familia, y de la familia no se puede huir. Así que estas jóvenes dicen ser voluntarias, para no tener problemas. Y el gobierno no dice nada. El lobby de las llamadas trabajadoras del sexo hablan y defienden los derechos de aquellas pocas que pueden escoger. Pero la mayoría, la gran mayoría de las mujeres, y también hombres y niños, no hablan. Se avergüenzan, su vida está arruinada. Y lo que todavía les hace más daño es que las llamen trabajadoras voluntarias del sexo. Así que ellas continúan callando y nosotros no debemos preocuparnos de un “crimen contra la humanidad” que sucede entre nosotros enmascarado por los colores y las luces del bienestar y de la emancipación.

La ley sobre la Prostitución (ProstG) se basa en el principio fundamental del consentimiento y sobre el hecho de que existe una línea divisoria clara entre la Prostitución voluntaria y la forzosa. Este principio fundamental del modelo reglamentarista es una farsa, un constructo hecho sobre el papel para poder tener como se dice en italiano “la bota llena y la mujer borracha” es decir, para seguir perpetrando la desigualdad de género, la violencia contra las mujeres y el florecimiento de una industria que enriquece las arcas del estado.

De hecho las zonas grises incluyen la mayor parte de las mujeres prostituidas y en estas zonas grises se ejerce la violación, la violencia y la humillación de las personas, cuyas vidas muchas veces ya han sido marcadas por la explotación y la injusticia, y todo enmascarado con los términos de emancipación y autonomía sexual. Pero, ¿de quién? Ciertamente no de aquellas mujeres africanas que buscan ayuda en nuestros centros y que en Alemania son consideradas prostitutas voluntarias, solo por el hecho de que, teniendo hijos en África, ni siquiera sueñen en denunciar a los explotadores.

Mujeres como “Grace”, llegada a Alemania con la esperanza de poder ayudar a la familia y que después ha acabado en un burdel trabajando catorce horas al día para poder pagar a los exploradores una suma de 50.000 Euros. Detenida por la policía durante una redada, fue arrestada por tener en posesión documentos falsos, Grace fue llamada prostituta voluntaria, únicamente porque por miedo a los explotadores, como la mayor parte de las mujeres extranjeras, dice ejercer voluntariamente. En el Centro de Expulsión, donde la conocí, descubrió que había contraído SIDA, debido a los contactos sexuales sin protección, para poder entregar más dinero a los traficantes.

Pero también algunas mujeres alemanas son víctimas de la trata, víctimas que nadie define como tales, como el caso de “Selly”, 20 años, que desde hace dos años trabaja como prostituta en su propio apartamento y entrega todo el dinero a su chico de origen turco. Una típica historia de “lover-boy”. La madre nos pide ayuda, la policía no puede hacer nada porque Selly tiene 20 años y dice ejerce libremente. No come casi nada, dice la madre, dos veces ha sido llevada a urgencias al hospital porque se ha desvanecido, no mantiene contactos ni con la familia ni con los amigos. La madre consigue hablar con ella de vez en cuando por teléfono, pero cuando quiere hablar de la situación de explotación, él cuelga la llamada. Un policía se finge cliente y va a visitarla, le habla de la posibilidad de denunciar al chico, pero Selly no se atreve. Tenemos las manos atadas, dice el comisario de policía.

Estas son solo dos historia ejemplos, pero son tantas las historias, historias de explotación y de violencia, enmascaradas por una ley que se burla de estas mujeres, confiriéndoles el poder de la autonomía y de la libre opción, un poder que lamentablemente tienen solo sobre el papel.

Pero hay países como Suecia que, por el contrario, han optado por el camino opuesto y han dicho “stop” a la violencia contra le mujeres, instituyendo en 1999 una legislación a favor de las mujeres prostituidas que castiga a los clientes. La adquisición de servicios sexuales está penalizada, y no la venta, las mujeres reciben ayudas para encontrar un trabajo y los clientes, una denuncia. El objetivo es generar un cambio de mentalidad: un camino largo y costoso. La valoración hecha por el gobierno sueco dieciocho años después de la introducción de la ley es positiva, aunque para erradicar la Prostitución y los crimines contra las mujeres todavía harán falta decenios. La mentalidad está cambiando: si antes de la introducción de la ley el 70% de los ciudadanos suecos se pronunciaba en contra, hoy los números se han invertido y es el 70 % de la población la que se muestra favorable a la ley. Noruega, Islandia y desde hace poco también Francia ha escogido el mismo camino introduciendo el modelo nórdico.

Quizás esta reflexión pueda ayudar a países, como Italia que no tienen todavía una regulación de la Prostitución, si la mentalidad de otros lugares ve en este camino la solución al problema. Y dejemos de decir el problema no se resuelve porque es el oficio más antiguo del mundo. ¡El patriarcado es la institución más antigua del mundo! Y si no sabemos extirpar el problema, porque es un gran negocio, y quien paga el precio son las mujeres, no simulemos que legalizándolo lo hemos resuelto. En todo estamos superficialmente limpios de conciencia. La dignidad humana no tiene precio, y si de palabra gastamos tanto, probemos ante este “crimen contra la humanidad” a escuchar también el silencio, de quien no tiene ni la fuerza ni el lujo de hablar.

 

La Hna. Beatrice Mariotti, Misionera Comboniana, trabaja desde hace dieciséis años con la Hna. Margit Forster en el centro SOLWODI (SOlidarity with WOmen in DIstress) de Berlín, especializado en la ayuda a la víctimas de la trata y de la Prostitución sobre todo de los países africanos. La organización fue fundada en 1985 en Kenia por la Hna. Lea Ackermann, una religiosa Misionera de África que inició la organización en Mombasa como centro de ayuda, formación y reintegración para las víctimas de la Prostitución (forzada por la pobreza) y el turismo del sexo. En el año 1987 de regreso a Alemania, la Hna. Ackermann decide abrir un centro de SOLWODI también en Alemania, porque se había dado cuenta de que gran parte de los clientes de las costas de Mombasa eran de origen alemán. La organización se ha ido especializando con los años, y hoy dispone de diecisiete centros de ayuda a las víctimas de la trata en toda Alemania. SOLWODI existe con varios centros también en Kenia, en Austria y en Rumania. Además de la ayuda directa a las víctimas, la organización trabaja en el campo de la prevención en Alemania y en algunos países de origen, en el campo de la sensibilización social, en el campo de la defensa de los derechos de las mujeres, y también trabajando a nivel de lobby para sensibilizar la política sobre temas específicos. Desde hace años SOLWODI, que es la organización activa alemana más grande en este sector es una de las pocas voces contra la regulación de la Prostitución, operada por la ley alemana ProstG que entró en vigor en el año 2002. La postura de hablar claro y luchar por un cambio de la ley no es de tipo ideológico, sino que parte de los valores cristianos, principalmente el valor inderogable de la dignidad humana, y se alimenta de miles de historias de mujeres y niñas que desde hace más de treinta años reciben ayuda, asistencia y sobre todo nuevas perspectivas en los diversos centros de SOLWODI.

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