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Reflexión de Cuaresma 2026
«He visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7).
En aquel tiempo, Dios escuchó el clamor de los oprimidos, marcando el comienzo de una historia de liberación. Dios escogió a Moisés para guiar a su pueblo, abriendo el camino a la libertad y la salvación para los hijos e hijas de Dios que habían estado esclavizados.
Este pasaje bíblico nos recuerda que vivimos tiempos turbulentos, marcados por la guerra, el conflicto, la destrucción y la explotación. En medio de tanto sufrimiento, las palabras de aliento son muy necesarias, especialmente para quienes padecen las consecuencias directas de estas terribles situaciones de maldad que persisten y parecen no tener fin. Sin embargo, este pasaje también sirve como un recordatorio profético de que ningún sistema de muerte tiene la última palabra; este no es el final. Aunque nuestra fragilidad es grande, aún puede surgir una nueva vida que nos brinde libertad y esperanza.
El Papa León XIV, en su mensaje de Cuaresma, nos invita a cultivar una disposición interior de receptividad y a permitirnos escuchar la voz de Dios, para oír, ver y actuar como Dios lo hace en medio de realidades opresivas. El Santo Padre nos recuerda que «la Cuaresma es un tiempo en el que la Iglesia, guiada por un sentimiento maternal, nos invita a volver a poner el misterio de Dios en el centro de nuestras vidas, para renovar nuestra fe y evitar que nuestros corazones se vean consumidos por las ansiedades y distracciones de la vida cotidiana. Todo camino hacia la conversión comienza permitiendo que la palabra de Dios toque nuestros corazones y acogiéndola con espíritu dócil. Existe una relación entre la palabra, nuestra aceptación de ella y la transformación que produce».
Los efectos de todo este sufrimiento y destrucción revelan un deterioro en múltiples niveles: la carga del sufrimiento humano, la inestabilidad, la vulnerabilidad a la trata de personas, la explotación, el hambre, el aumento de la pobreza y la desigualdad, las desapariciones, el desplazamiento forzado en condiciones extremas y la inestabilidad económica mundial. La Cuaresma nos recuerda que el camino de la Cruz conduce a la Resurrección. Mantenemos esta certeza: Dios está en medio del conflicto, caminando con su pueblo, entre los escombros, inclinado sobre el lodo de una trinchera, con el rostro cubierto de polvo, experimentando frío, miedo y angustia. La mirada de Dios se posa en la mujer raptada contra su voluntad, en el susurro de una madre que da fuerzas a su hijo.
Así como Dios llamó a Moisés, hoy nos llama a nosotros; a las Redes Talitha Kum. El clamor de nuestras hermanas y hermanos nos interpela y nos impulsa a actuar con valentía, promoviendo la justicia y restaurando la dignidad dondequiera que la Red Talitha Kum esté presente. En particular, en Oriente Medio, nuestras hermanas y socios apoyan a las comunidades amenazadas por la trata, acompañándolas en sus luchas y dolores. Responder al llamado de Dios puede ser un desafío, pero también nos llena de esperanza. Nos aferramos a su promesa: «Yo estaré contigo» Ex 3,12.
Como personas de buena voluntad, abrámonos a la acción de Dios en nuestras vidas. Dios transforma nuestra vulnerabilidad en una fuente de fortaleza, guiándonos y capacitándonos hacia la liberación y la esperanza.
Foto: David Tomaseti

